Ivanhoe
Ivanhoe Mientras los cortesanos, con sonrisas irónicas, seguían por turno el ejemplo que les había dado su amo dirigiendo sus dardos vejadores hacia Cedric, la cara del sajón se inflamó por la ira y sus miradas se dirigieron en sucesión a todos ellos uno por uno con agresividad, como si la rapidez con que las injurias se sucedían le impidieran replicar a cada una de ellas. Diríase que era un toro que, acosado por sus verdugos, es incapaz de escoger a uno sólo para descargar en él su venganza. Al final consiguió hablar con voz alterada por la pasión, y dirigiéndose personalmente al príncipe Juan como jefe de vanguardia en la ofensa que se le había inferido, dijo:
—Cualesquiera que hayan podido ser las locuras y vicios de mi raza, más quisiera un sajón ser tachado de nidering que ver tratado o aguantar que traten a su huésped inofensivo, en su propio comedor y mientras pasa su propia copa de vino, como Vuestra Alteza lo ha hecho a mis expensas en este día, y cualquiera que fuera la desgracia de nuestros padres en la batalla de Hastings, por lo menos debieran guardar silencio aquellos —y miró a Front-de-Boeuf y al templario—, que hace tan sólo pocas horas han perdido silla y estribo una y otra vez ante la lanza de un sajón.