Ivanhoe
Ivanhoe —¡Buena respuesta, a fe mÃa! —dijo el prÃncipe Juan—. ¿Qué os parece, señores? Nuestros súbditos sajones adelantan en espÃritu y valor; se vuelven agudos y decididos en estos tiempos inseguros que corremos. ¿Qué decÃs, milores? Por la luz que nos alumbra, juzgo que lo mejor que podemos hacer es embarcar en nuestras galeras para retornar a NormandÃa ahora que todavÃa estamos a tiempo.
—¿Por miedo a los sajones? —dijo De Bracy riendo—. Bastará usar como armas nuestros rejones de caza para ahuyentar a estos jabalÃes.
—Poned fin a tanta charlatanerÃa, caballeros —dijo Fitzurse, dirigiéndose al prÃncipe—: Y serÃa conveniente que Vuestra Alteza asegurase a Cedric que no existÃa ánimo de ofenderle en estas bromas que no pueden ser más que malsonantes a oÃdos de un extraño.
—¿Insulto? —contestó el prÃncipe Juan, reasumiendo sus modales corteses—. Estoy seguro que nadie puede juzgar que sea capaz de ofender o permitir que se ofenda a alguien en mi presencia. ¡OÃdme!; lleno mi copa a la salud de Cedric, dado que rehúsa beber a la salud de su hijo.