Ivanhoe
Ivanhoe La copa inició la ronda entre bien orquestados aplausos de los cortesanos, aplausos que, de todos modos, distaron mucho de lograr el objetivo de impresionar a Cedric. No era de naturaleza demasiado perspicaz; sin embargo, juzgaban sus facultades por debajo de su valor real aquéllos que creían que tal halago le haría olvidar las intenciones de los insultos anteriores. Guardaba silencio cuando pasó de nuevo la copa en honor de sir Athelstane de Coningsburgh.
El caballero hizo una reverencia y dio muestras de su sentido del honor vaciando una gran copa correspondiendo al brindis.
—Y ahora, señores —dijo el príncipe Juan, cuya sesera empezaba a estar caliente a causa del vino ingerido—, una vez hecha justicia a nuestros huéspedes sajones, les rogamos que se sirvan corresponder a nuestra cortesía. Estimado Athelstane —y continuó dirigiéndose a Cedric—, ¿podríamos suplicaros que tuvierais a bien nombrar a algún normando que endulzara vuestra boca, y que después limpiarais con una copa de vino cualquier amargor que en ella hubiera podido quedar por el mero hecho de nombrarlo?