Ivanhoe
Ivanhoe Mientras el príncipe Juan hablaba, Fitzurse se levantó y deslizándose hacia el respaldo de la silla del sajón le aconsejó con un murmullo que no dejara escapar la oportunidad para poner término a la rivalidad entre las dos razas, brindando por tanto por el príncipe Juan. El sajón no cedió ante la hábil insinuación y, por el contrario, se levantó tras llenar su copa a rebosar y dirigió a Juan estas palabras:
—Vuestra Alteza me ha pedido que nombrara a un normando digno de ser honrado en nuestro banquete, lo cual, por desgracia, constituye una ruda carga, ya que implica que el esclavo cante las alabanzas de su amo. Mientras el vencido sufre todos los males de la ocupación, además debe cantar las alabanzas del conquistador. A pesar de todo, sí quiero nombrar a un normando, el primero en las armas y en el combate…, el mejor y el más noble de todos los de su raza. Y los labios que se nieguen a unirse a mi brindis, a su bien ganada fama los tendré por falsos y deshonrados y estoy dispuesto a mantenerlo con mi vida. ¡Vacío esta copa a la salud de Ricardo Corazón de León.