Ivanhoe

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—Si Ricardo regresa —dijo Fitzurse—, lo hará para enriquecer a los necesitados y empobrecidos cruzados a expensas de los que no le siguieron a Tierra Santa. Regresará para llamar al orden severamente a los que durante su ausencia han cometido actos que pueden ser considerados como ofensa y burla de las leyes del país o de los privilegios de la corona. Regresará para llamar al orden severamente a los que durante su ausencia han cometido actos que pueden ser considerados como ofensa y burla de las leyes del país o de los privilegios de la corona. Regresará para vengarse de los caballeros templarios y hospitalarios por la marcada preferencia que mostraron durante las guerras de Tierra Santa para con Felipe de Francia. Regresará, en una palabra, para castigar como rebelde a cualquier adicto al príncipe Juan. ¿Temeréis su poder?— continuó diciendo el hábil confidente de Juan—. Reconocemos que es un valeroso y fuerte caballero, pero ésos no son los tiempos del rey Arturo en los cuales un solo caballero se enfrentaba a todo un ejército. Si es cierto que Ricardo regresa, lo hará solo, sin partidarios, sin seguidores, sin amigos. Los huesos de sus valientes ejércitos han blanqueado los desiertos de Palestina. Los pocos que han sobrevivido han regresado miserables y derrotados, como Wilfred de Ivanhoe. ¿Y por qué mencionáis el derecho que por nacimiento tiene Ricardo? ¿Es acaso el derecho de primogenitura de Ricardo más sólido que el del duque Roberto de Normandía, hijo mayor del Conquistador? Y a pesar de ello, Guillermo el Rojo y Enrique, su segundo y tercer hermano, respectivamente, fueron preferidos a él por la voz del pueblo. Roberto poseía cualquiera de las virtudes que se quiera atribuir a Ricardo. Era valiente caballero, buen jefe, generoso para con sus amigos y con la Iglesia y, como remate, cruzado y conquistador del Santo Sepulcro y, a pesar de todo ello, murió ciego y miserable, prisionero en el castillo de Cardiff porque osó enfrentarse a los deseos del pueblo, que decidió que no era él quien debía gobernarle. Es nuestro derecho el de escoger entre los príncipes de sangre real aquel más cualificado para detentar el poder supremo, es decir —añadió corrigiéndose—, aquel cuya elección asegure mejor los intereses de la nobleza. En virtudes personales, es muy posible que el príncipe Juan sea inferior a su hermano Ricardo; pero cuando se considera que este último regresa con la espada de la venganza en su mano, mientras que el primero ha repartido recompensas, privilegios, inmunidades, riquezas y honores, no se puede dudar cuál de ellos ha de ser el rey al que la sabiduría de la nobleza prestará su apoyo.


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