Ivanhoe
Ivanhoe El desafío de Athelstane no resultó muy airoso, porque un gran bocado que requería el concurso de ambos carrillos a la vez, añadido a la indecisión connatural en él, rebajaba considerablemente el efecto del osado enfrentamiento.
De todos modos, este discurso fue considerado por Cedric como la incontestable muestra de que el espíritu de su compañero revivía, ya que su previa indiferencia, a pesar del respeto por la alcurnia de Athelstane, había empezado a hacerle perder la paciencia. Ahora apretó sus manos cordialmente en prueba de aprobación, pero quedó algo decepcionado cuando Athelstane le dijo que lucharía con una docena de hombres como Front-de-Boeuf si con ello podía acelerar su partida de una mazmorra en la cual ponían tanto ajo en el potaje.
Cedric no dio mayor importancia a la nueva y sensual recaída de su amigo, otra vez hundido en la apatía, y tomó asiento ante Athelstane. Y pronto demostró que si bien las desgracias de su patria podían borrar la memoria de la comida mientras la mesa no estaba puesta, tan pronto como las vituallas fueron colocadas en ella, demostró que también había heredado de sus antepasados sajones, junto a otras cualidades, el buen apetito.