Ivanhoe
Ivanhoe Apenas los cautivos empezaban a disfrutar de su comida, cuando les llamó la atención el sonido de un cuerno que tronaba ante la puerta. Se repitió tres veces con tanta violencia, que se pensaría que quien lo tocaba esperaba que a su conjuro cayesen torres, barbacanas y almenas como en las leyendas, o que se desvanecieran como si se trataran de brumas matinales. Los sajones saltaron de la mesa y se precipitaron a la ventana. Pero su curiosidad se vio defraudada porque dicha ventana miraba al patio del castillo y el sonido procedía del exterior del recinto. De todos modos, importante debía ser el requerimiento porque se originó al instante un barullo considerable.