Ivanhoe
Ivanhoe —¿Puedes ver, Isaac —habló Front-de-Boeuf—, la serie de barras de hierro sobre las brasas de carbón? Sobre esta cálida cama yacerás como si de una mullida cama se tratara, libre de todas tus vestiduras. Uno de estos esclavos atizará el fuego bajo tu cuerpo, mientras el otro unta tus pobres miembros con aceite, no fuera que se quemara el asado. Ahora, pues, escoge entre tan incómodo lecho o el pago de mil libras de plata porque, por la cabeza de mi padre, que no tienes otra opción.
—¡Es imposible! —exclamó el mÃsero judÃo—. ¡Imposible que vuestro proyecto sea verdadero! ¡El buen Dios de la naturaleza nunca ha creado un corazón capaz de llevar a cabo tal crueldad!