Ivanhoe
Ivanhoe —¿A expensas de mi conciencia, ibas a decir, Isaac? Dilo…, te digo que soy razonable. Puedo soportar los reproches de un vencido, aunque se trate de un judÃo. No te mostrabas tan humilde, Isaac, a la hora de pedir justicia contra Jacques Fitzdotterel cuando éste te llamó sanguijuela usurera, una vez que tus exigencias ya habÃan devorado su patrimonio.
—Juro por el Talmud —dijo el judÃo— que os han engañado en este asunto. Fitzdotterel me amenazó con su puñal porque le pedÃa aquellos doblones de plata que me pertenecÃan. Los términos de pago ya habÃan caducado.
—Poco me importa lo que hiciera —dijo Front-de-Boeuf—. Mi pregunta es la siguiente: ¿cuándo tendré los cequÃes, Isaac?
—Permitid que mi hija Rebeca vaya a York con vuestro salvoconducto, noble caballero —contestó Isaac—, y en el tiempo que tardan caballo y jinete en ir y volver, el tesoro… —se interrumpió y suspiró profundamente, para añadir después de unos segundos de pausa—: El tesoro será contado sobre este mismo suelo,