Ivanhoe
Ivanhoe —Concededme por lo menos junto a la mÃa la libertad de mis compañeros de viaje. Se han burlado de mà por ser judÃo y, sin embargo, sintieron piedad por mi desolación. Por haberse dignado a socorrerme en el camino, parte de mi desgracia ha caÃdo sobre ellos; además, puede que contribuyan en alguna manera a mi rescate.
—Si te refieres a aquellos villanos sajones —dijo Front-de-Boeuf—, su rescate habrá de establecerse en términos diferentes a los tuyos. Ocúpate de tus asuntos, judÃo, te lo advierto, y no te mezcles en los de los demás.
—Entonces —dijo Isaac—, ¿debo esperar ser liberado solamente junto a mi amigo herido?
—¿Deberé recomendar dos veces a un hijo de Israel que se ocupe de sus propios asuntos y deje a los demás en paz? Ya que has hecho tu elección, sólo resta que pagues tu rescate y cuanto antes,
—Sin embargo, oÃdme —dijo el judÃo—. Por la verdadera fortuna que obtendréis a expensas de… —llegado a este punto se interrumpió en seco, temeroso de irritar al salvaje normando—. Pero Front-de-Boeuf reaccionó con una carcajada, terminando la frase del judÃo: