Ivanhoe
Ivanhoe —Rowena —dijo De Bracy—, estáis alucinada por un error tan común en vuestro sexo que creéis que sólo puede haber rivalidad originada por vuestros propios encantos. ¿No sabéis que existen los celos de la ambición y de la riqueza, asà como existen los del amor? ¿Y que por todo esto nuestro huésped, Front-de-Boeuf, apartará de su camino a cualquiera que se atreva a interferirse en sus pretensiones a la hermosa baronÃa de Ivanhoe, con tanta bravura, presteza y falta de escrúpulos como pondrÃa en el caso de ser postergado a los ojos azules de alguna damisela? Pero, dadme vuestra sonrisa, señora, y el campeón herido no tendrá nada que temer de Front-de-Boeuf, a quien en verdad debéis temer porque estaréis a la merced de alguien que nunca ha dado muestras de compasión.
—¡Salvadle, por el amor de los cielos! —dijo Rowena, cediendo en su firmeza debido al terror que le causaba la suerte que amenazaba a su amado.