Ivanhoe
Ivanhoe —No me repliques —-dijo el templario— sacando a relucir la diferencia de nuestros respectivos credos. En nuestros cónclaves secretos nos reÃmos de estas historias infantiles. No creas que no sabemos que fue una imbécil locura la de nuestros fundadores al despreciar los placeres de la vida por la delicia de morir mártires, vÃctimas del hambre, la sed o la peste, cuando no por la espada de los salvajes, mientras se hallaban empeñados en defender un desierto estéril. Nuestra orden pronto apuntó a objetivos más osados, tuvo más amplia visión de las cosas y supo encontrar mejor aplicación a nuestros sacrificios. Nuestras inmensas posesiones en todos los reinos de Europa, nuestra fama familiar, que atrae a nuestro cÃrculo a la flor y nata de la caballerÃa procedentes de todos los climas de la cristiandad, todo ello se dedica a fines que nuestros piadosos fundadores no podÃan sospechar y que son cuidadosamente ocultados a los débiles de espÃritu que se unen a nuestra orden creyendo en sus antiguos principios y cuya superstición les convierte en nuestras herramientas involuntarias. Pero no levantaré más el velo de nuestros misterios. Esta llamada que da el cuerno de caza anuncia algún acontecimiento que puede requerir mi presencia. Piensa en lo que te he dicho. ¡Adiós! No te pido que perdones las violencias de mis amenazas porque eran necesarias para que pudieras sacar a relucir tu carácter. El oro se revela por el toque de la piedra. Volveré pronto y hablaremos más extensamente.