Ivanhoe
Ivanhoe —¿Bromeáis, señor caballero? —contestó el barón—. ¿Qué vecinos podrÃa avisar? Malvoisin se encuentra en York con su tropa, al igual que mis otros aliados, y allà también estarÃa yo de no haber sido por esta infernal y descabellada aventura.
—Mandad recado a York y llamad a nuestra gente —dijo De Bracy—. Si miran sin pestañear mi estandarte movido por el viento, declararé que son los más rudos bandoleros que han tensado el arco en los verdes bosques.
—¿Y quién ha de llevar el mensaje? —dijo Front-de-Bceuf—. Estarán vigilando cada vereda y agarrarán a cualquiera que por ella pase… ¡He dado con la solución! —añadió después de una corta pausa—. Señor templario, vos sabéis escribir, puesto que sabéis leer; y si ahora pudiera dar con el recado de escribir que perteneció a mi capellán fallecido hará un año entre las brumas de sus borracheras navideñas…
—Si me lo permitÃs —dijo el escudero que todavÃa se hallaba a la espera—, creo que la vieja Urfried lo guardó por amor al confesor. Fue el último hombre, según creo haber oÃdo de sus labios, que la trató con la cortesÃa que se le debe a una doncella o a una matrona.
—Ve y procura dar con ello —dijo Front-de-Boeuf—. Entonces, señor templario, daréis la adecuada respuesta a este descarado desafÃo.