Ivanhoe
Ivanhoe —Sólo eso —replicó Wamba—: tomad este sayo y este cordón que son las órdenes que me han sido impuestas, y marchad sin ruido fuera del castillo, dejándome vuestra capa y cinturón para que asà pueda ocupar vuestro sitio en el gran salto.
—¡Dejarte en mi lugar! —exclamó Cedric, asombrado de la proposición—; te colgarÃan sin remisión, mi pobre pÃcaro.
—Dejadles que hagan aquello que les está permitido —dijo Wamba—. Creo que, sin querer menospreciar vuestra alta cuna, el hijo de Witless puede colgar de una cadena con tanta gravedad como la cadena colgaba de mi antepasado el concejal.
—Bien, Wamba —contestó Cedric—, sólo con una condición aceptaré tu oferta: y es que cambies de vestidos con lord Athelstane en vez de conmigo.
—¡No, por san Dunstan! —contestó Wamba—. Esto no tendrÃa sentido. Es de derecho que el hijo de Witless se sacrifique para salvar al hijo de Hereward; pero poco sabio serÃa morir en lugar de alguien cuyos padres le eran desconocidos.
—¡Villano —gritó Cedric—, los padres de Athelstane fueron monarcas de Inglaterra!