Ivanhoe
Ivanhoe —De Bracy, cuÃdate de la parte oriental, donde más baja es la muralla. Noble Bois-Guilbert, tú has aprendido el oficio de atacar y defender; ocúpate de la parte poniente. Yo voy a situarme en la barbicana. ¡Sin embargo, no limitéis vuestro esfuerzo a un solo lugar, nobles amigos! En este dÃa debemos encontrarnos en todas partes, multiplicándonos si es posible, para socorrer y ayudar con nuestra presencia en aquellos lugares donde la lucha sea más encarnizada. Pocos somos en número, pero el coraje y la actividad nos compensarán esta desventaja, ya que sólo tenemos que habérnoslas con payasos desvergonzados.
Pero, nobles caballeros —exclamó el padre Ambrose entre el barullo y la confusión ocasionados por los preparativos de la defensa—, ¿ninguno de vosotros querrá oÃr el mensaje de nuestro padre en el Señor, Aymer, prior de Jorvaulx? ¡Te ruego que me escuches, noble Reginald!
—¡Ve a rogarle al cielo! —dijo el excitado normando—, porque aquà en la tierra no tenemos tiempo para escucharte. ¡AquÃ, Anselm! Cuida de que la pez y el aceite hirviendo estén preparados para que sean derramados sobre las cabezas de estos audaces traidores. Mira que a los arqueros no les falten dardos. Haz ondear sobre los parapetos mi bandera con la antigua cabeza de toro. ¡Muy pronto sabrán estos villanos con quién tienen que luchar hoy!