Ivanhoe
Ivanhoe —¡Que Satanás se lleve al prior! —exclamó Front-de-Boeuf—. Vaya trago gordo el suyo esta mañana. ¿Cuándo vio tu amo a un noble normando abriendo su bolsa para aliviar a un eclesiástico cuyas valijas pesan diez veces más que las nuestras? ¿Y cómo nuestro valor puede liberarle si estamos copados por fuerzas que superan diez veces en número las nuestras en el momento que esperamos un ataque?
—Esto era lo que iba a explicaros —dijo el monje—, si me hubierais dado tiempo. Pero, Dios me ayude, ya soy viejo y esta turba de asesinos confunde el cerebro de un anciano. Sin embargo, es verdad que están acampando y se preparan a atacar el castillo.
—¡A las murallas! —gritó De Bracy—. ¡Veamos de qué son capaces estos villanos!
Inmediatamente después abrió una ventana que daba a una especie de barbacana o balcón saliente y desde allà gritó a los que se encontraban en el salón:
—¡San Denis!, el anciano monje ha dicho la verdad. Están disponiendo palancas y escudos, y los arqueros pululan por los aledaños del bosque como una nube negra antes de una fuerte granizada.
Reginald Front-de-Boeuf miró también al campo y cogió su cuerno de caza, haciéndolo sonar larga y fuertemente. Después mandó que sus hombres ocuparan sus sitios de combate en las murallas.