Ivanhoe
Ivanhoe —Bien seguro que está en manos de las huestes de Belial que infestan estos bosques y que no hacen caso del texto sagrado que dice: «No toques a ninguno de los mÃos y no les causes mal a mis profetas».
—He aquà otro argumento para vuestras espadas, caballeros —dijo Front-de-Boeuf, dirigiéndose a sus compañeros—. En lugar de prestarnos su concurso, el prior nos pide ayuda. Buena ayuda se puede esperar de estos clérigos perezosos, cuando uno más la necesita. Pero, habla, clérigo, y hazlo pronto, ¿qué espera tu amo que hagamos?
—Con vuestra venia —dijo Ambrose—. Habiendo puesto esos hombres de Belial violentamente sus manos, en contra del santo precepto ya por mà citado, sobre un reverendo superior, saqueando su bolsa y sus valijas, desposeyéndole de los doscientos marcos de oro fino, todavÃa se atreven a pedirle una larga suma de dinero antes de dejarle libre. Por lo tanto, nuestro reverendo padre en el Señor os ruega, como buenos amigos, que le rescatéis, ya sea pagando el rescate que por él piden o por la fuerza de las armas según vuestro recto juicio.