Ivanhoe
Ivanhoe De todas formas no serían los gritos los que decidirían el combate, y los desesperados esfuerzos de los asaltantes quedaron compensados por una defensa igualmente vigorosa. Los arqueros, bien entrenados por sus pasatiempos de caza en los bosques, disparaban tan graneado, que ningún sitio donde asomara parte del cuerpo de un defensor escapaba a las flechas. Debido a estos cerrados disparos, tan espesos como una granizada, cada flecha iba dirigida a un blanco determinado y volaban en manadas hacia cualquier abertura de los parapetos, así como contra cualquier ventana donde pudiera estar situado un defensor. Debido a estos continuos disparos, decíamos, dos o tres componentes de la guarnición resultaron muertos y otros varios heridos. Pero, confiados en sus armaduras y en la protección de los muros, los seguidores de Front-de-Boeuf y sus aliados daban muestras de gran obstinación en la defensa, y replicaban disparando sus arcos y ballestas, hondas y otras armas de ataque, a la continua y cerrada rociada de flechas; y, por estar los asaltantes precariamente protegidos, causaron más bajas que las que ellos recibieron. El silbido de los dardos y de los proyectiles procedentes de ambos bandos, solamente se interrumpía por el griterío que se alzaba cuando cualquiera de las partes causaba o padecía alguna pérdida sustancial.