Ivanhoe
Ivanhoe Pero habÃa llegado el momento en que la tierra y todas sus riquezas desaparecÃan ante su vista, y el salvaje corazón del barón, aunque duro como una muela de molino, se encogió al asomarse a la vasta oscuridad del futuro. La fiebre de su cuerpo aumentaba la ansiedad y la angustia de su espÃritu, y su lecho de muerte daba cabida a los recién despertados sentimientos de horror que luchaban con su inveterada obstinación. Su estado de amedrentado ánimo albergaba quejas sin esperanza, remordimientos sin arrepentimiento, y asà tuvo una conciencia aterradora de su propia agonÃa, y bien sabido es que los presentimientos no pueden cesar ni mitigarse.