Ivanhoe
Ivanhoe El lugar de reunión era una vieja encina, pero no la misma donde Locksley habÃa conducido a Gurth y a Wamba. Era otra situada en la mitad de un anfiteatro rodeado de árboles, distante media milla del derruido castillo de Torquilstone. En este lugar, Locksley tomó asiento sobre un trono de césped erigido bajo las retorcidas ramas de la encina, y todos los moradores del bosque se reunieron a su alrededor. Dispuso que el Caballero Negro se sentara a su derecha y Cedric a su izquierda.
—Perdonadme esta libertad, nobles señores, pero soy como un monarca en estas soledades. Éste es mi reino y éstos mis salvajes súbditos. Ellos no me respetarÃan si cediera mi sitio a cualquier otro mortal. Ahora, señores, ¿quién ha visto a nuestro capellán? ¿Dónde está nuestro fraile? Una misa es el mejor comienzo del dÃa lleno de trabajo para el cristiano. ¿Nadie ha visto al clérigo de Copmanhurst? ¡Por Dios! —exclamó el jefe de los forajidos—. Creo que el alegre clérigo se ha entretenido demasiado con el pellejo de vino. ¿Quién le ha visto después de la caÃda del castillo?
—Yo le vi atareado en la puerta de la bodega —dijo Miller—, jurando por todos los santos del calendario que tenÃa que probar el vino gascón de Front-de-Boeuf.