Ivanhoe
Ivanhoe —¿Os burláis de m� —dijo el asombrado prior con una forzada sonrisa—. Me gustan las bromas de todo corazón; pero, cuando la diversión ha durado toda la noche, la mañana señala la hora de la seriedad.
—Y yo soy tan serio como un padre confesor —replicó el capitán—. Deberéis pagar un buen rescate, señor prior, o en vuestro convento habrá elecciones, pues vuestra plaza quedará vacante.
—¿Os decÃs cristianos y le habláis asà a un religioso?
—¡Cristianos! SÃ, somos cristianos, y tan cristianos que contamos con nuestros propios servicios divinos —contestó el forajido—. Que se presente nuestro rollizo capellán y explique a este reverendo padre los textos que más le interesan.
El fraile, medio borracho, se habÃa colocado de cualquier modo un hábito sobre su casaca verde, y dijo, recopilando en su memoria todos los retazos de mal aprendidos latinajos de sus dÃas de estudiante:
—Santo padre, Deus faciat salvam benignitatem vestram. Bienvenido a estos bosques.
—¿Qué burla profana es ésta? —dijo el prior—. Amigo, si en verdad perteneces al estado religioso, más te valdrá aconsejarme de qué modo podré escapar de las manos de estos hombres, en vez de estar ante mà haciendo muecas y dando saltos como un bailarÃn.