Ivanhoe
Ivanhoe —Sois mi ángel bueno —dijo el prÃncipe—, y cuando pueda disponer de un canciller como vos, el reinado de Juan será recordado en los anales de la historia. ¿Qué has ordenado?
—He ordenado a Louis Winkelbrand, el lugarteniente de De Bracy, que tocara a botasilla, desplegara el estandarte y se dirigiera al castillo de Front-de-Bceuf para socorrer a nuestros amigos.
La cara del prÃncipe Juan enrojeció como la de un niño mimado al que se priva de un capricho y se ve obligado a sufrir lo que él considera como un insulto.
—¡Por Dios! ¡Waldemar Fitzurse, muchas prerrogativas os habéis tomado! Y en mala hora os habéis atrevido a llamar a botasilla y levantar bandera en una ciudad donde estamos presentes. Y ello sin orden expresa mÃa.
—Pido el perdón de Vuestra Majestad, pero el tiempo apremiaba y la pérdida de algunos minutos hubiera podido resultar fatal. Juzgué oportuno tomar sobre mis espaldas tan pesada carga en asunto que tanto atañÃa a los intereses de Vuestra Majestad.
—Estáis perdonado, Fitzurse; la buena intención ha compensado el apresurado atrevimiento. Pero ¿a quién tenemos aquÃ?, ¡De Bracy en persona, por el madero! Y con extraño atavÃo acude a nuestra presencia.