Ivanhoe
Ivanhoe —Pero para llegar a ser monarca de Inglaterra —dijo su consejero—, es preciso no sólo que Vuestra Majestad soporte las transgresiones de estos merodeadores sin escrúpulos, sino que incluso les preste protección, pasando por alto vuestro laudable celo para que se respeten las leyes que ellos están acostumbrados a infringir. EstarÃamos listos si los bellacos sajones tuvieran noticia de vuestra visión de los puentes levadizos convertidos en horcas, y el espÃritu osado de Cedric parece el más apropiado para que se le ocurra tal fantasÃa. Vuestra Majestad sabe muy bien lo peligroso que resultarÃa emprender nuestra acción sin De Bracy, Front-de-Boeuf ni el templario…, y a pesar de todo ya hemos ido demasiado lejos para volvernos atrás.
El prÃncipe Juan se golpeó la frente con impaciencia y empezó a pasear a lo ancho del aposento.
—Los villanos —decÃa—, viles y cobardes villanos, me han abandonado en este apuro.
—Calificadles mejor de avutardas aturdidas que van jugando con estas memeces, cuando tan importante negocio se estaba tramitando.
—¿Qué podemos hacer? —preguntó el prÃncipe deteniéndose ante Waldemar.
—No lo sé. No sé qué se puede hacer si no es lo que acabo de ordenar. No vine a notificaros esta nueva sin haber tomado las pertinentes medidas para remediarla.