Ivanhoe
Ivanhoe —¿Yo? Ofrecà a Ricardo los servicios de mis mercenarios y los rehusó. Les conduciré a Hull, nos haremos con un barco y zarparemos rumbo a Flandes. Gracias a lo inquieto de los tiempos, un hombre de acción siempre encuentra trabajo. Y tú, Waldemar, ¿tomarás la lanza y el escudo y dejándote de politiquerÃas me acompañarás y compartiremos la suerte que Dios nos envÃe?
—Soy demasiado viejo, Maurice, y tengo una hija —contestó Waldemar.
—Dámela, Fitzurse, y la mantendré como conviene a su rango con la ayuda de mi lanza y de los estribos —dijo De Bracy.
—No será asÃ. Pediré asilo en la iglesia de San Pedro. El arzobispo es como si fuera hermano mÃo.
Durante el anterior diálogo, el prÃncipe Juan abandonaba el estupor en que le habÃa sumergido la inesperada noticia, atento a todo lo que hablaron sus dos seguidores.
«Me abandonan —decÃa para s×, se separan de mà como la hoja marchita se separa de la rama cuando sopla la brisa. ¡Infierno y diablos! ¿Es que no sabré obrar por mà mismo cuando huyan estos cuervos desertores?» Se detuvo; habÃa una expresión de pasión diabólica en la contenida risa con que interrumpió la conversación.