Ivanhoe
Ivanhoe —Por la luz de la frente de Nuestra Señora —dijo el prÃncipe Juan—. Las órdenes que le di fueron precisas, aunque puede que no las oyeras, porque se las di cuando estábamos junto a aquel mirador. No podÃa haber expresado con más claridad nuestro encargo, al decirle que cuidara especialmente de la seguridad de Ricardo. ¡Da por seguro que Waldemar puede temer por su cabeza si no cumple lo ordenado!
—Será mejor que vaya a sus aposentos —contestó De Bracy— y le haga plenamente consciente de los deseos de Vuestra Majestad, ya que, si escaparon del todo a mis oÃdos, pueden no haber llegado a los de Waldemar.
—No, no —interrumpió el prÃncipe con impaciencia—. Te aseguro que me oyó y, además, tengo un encargo para ti. Maurice, ven aquÃ; deja que me apoye en tu brazo.
Dieron una vuelta al salón en esta familiar postura y después el prÃncipe Juan, con aires de la más confidencial intimidad, dijo: