Ivanhoe
Ivanhoe —¿Cómo, entonces, te pregunto una vez más, has permitido a un hermano que trajera a su amante, siendo una bruja judÃa, para que mancillara y contaminara esta casa?
—¡Una bruja judÃa! —exclamó Malvoisin—. ¡Los ángeles buenos nos guarden!
—¡Ay, hermano, una hechicera judÃa! —dijo el gran maestre con dureza—. Ya te lo dije antes. ¿Osas negar que la tal Rebeca, hija de aquel condenado usurero llamado Isaac de York y discÃpula de la bruja Miriam, se encuentra en estos momentos, ¡vergüenza da el pensarlo y el decirlo!, alojada en este preceptorio?
—Vuestra sabidurÃa, reverendo padre, ha iluminado las tinieblas de mi entendimiento. Mucho me extrañaba que un caballero como Bois-Guilbert pareciera estar tan enredado en los encantos, de esta hembra a la cual recibà en esta casa con el único objeto de interponerme en su creciente intimidad, que de otro modo se hubiera podido consolidar a expensas de la caÃda de nuestro valiente y religioso hermano.
—¿Nada ha ocurrido todavÃa entre ellos que le haya hecho romper sus votos? —preguntó el gran maestre.