Ivanhoe
Ivanhoe —Amén —contestaron los preceptores que le rodeaban. La palabra fue repetida por toda la asamblea—. Hermanos —dio Beaumanoir—, sabéis muy bien que hubiéramos podido negarle a esta mujer los beneficios de un juicio por combate. Pero aunque es judÃa y descreÃda, también es forastera y está desvalida, y Dios nos tendrÃa en cuenta el que nos hubiera pedido el pleno derecho y uso de nuestras leyes y se los hubiéramos negado. Además, somos caballeros y soldados tanto como religiosos, y bajo todos los conceptos caerÃa la vergüenza sobre nosotros si no hubiéramos hecho caso de un desafÃo expresamente formulado. Por lo tanto, ésta es la situación. Rebeca, hija de Isaac de York, está acusada por numerosas y sospechosas circunstancias de hechicerÃa ejercida en la persona de un noble caballero de nuestra santa Orden, y exige el combate para probar su inocencia. ¿A quién, reverendos hermanos, opináis que debemos pasar el guante de desafÃo, nombrándole al mismo tiempo nuestro campeón?
—A Brian de Bois-Guilbert, que es a quien más afecta el asunto —dijo el preceptor Goodalricke— y quien, además, conoce toda la verdad y sabe de qué parte está la razón.