Ivanhoe
Ivanhoe —Ten valor —dijo el rabino—, porque esta pena nada soluciona. Prepara tus piernas y busca a este Wilfred, hijo de Cedric. Es posible que te ayude con el consejo o con la espada, porque el mancebo tiene influencia ante Ricardo, llamado por los nazarenos Corazón de León, y los rumores de que ha regresado no cesan de circular. Quizá conseguirá de él una carta, o le prestará su sello, ordenando a estos hombres sanguinarios que toman el nombre del Temple para deshonrarlo, que no prosigan en sus propósitos.
—Le buscaré —dijo Isaac—, porque es un buen mancebo y se compadece del exilio de Jacob. Pero no puede vestir la armadura y, ¿qué otro caballero lucharÃa por los oprimidos de Sión?
—Hablas como uno que no conoce a los gentiles —dijo el rabino—. Con oro puedes comprar su valor, igual que con oro compras tu seguridad. Ten buen ánimo, y anda a buscar a este Wilfred de Ivanhoe. Yo también veré si consigo hacer algo, porque fuera gran pecado dejarte solo en esta tribulación. Me dirigiré a la ciudad, y sin duda encontraré entre ellos a alguno que quiera luchar por tu hija; porque el oro es su dios y por la riqueza empeñarán la vida, tal como hacen con sus tierras. ¿Te harás cargo, hermano mÃo, de la promesa que pueda hacer en tu nombre?