Ivanhoe
Ivanhoe —No quiero tratos con ellos —continuó el templario, asiéndose a su falda—. Me estoy dirigiendo sólo a ti y, ¿qué otra opción te queda? Piensa que, aunque yo fuera un demonio, la muerte serÃa todavÃa peor que yo, y ella es mi único rival.
—Nada me importan ambos términos de la comparación —dijo Rebeca, temerosa de provocar al alocado caballero, pero igualmente decidida a no aceptar su pasión ni a fingir que la aceptaba—. Sé hombre y cristiano. Si es verdad que tu fe encarece el perdón que más tienes en la lengua que en los actos, sálvame de esta muerte horrorosa sin buscar una recompensa que convertirÃa la magnanimidad en un vil negocio.