Ivanhoe
Ivanhoe —Si yo acudo a la liza fatal —dijo Bois-Guilbert—, morirás cruel y lentamente, entre dolores que, según dicen, esperan a los condenados en el más allá. Pero si no acudo, me convertiré en un caballero degradado y sin honra, seré acusado de brujerÃa y de connivencia con los infieles. El nombre ilustre que ha aumentado en fama por mis hazañas se volverá un insulto y un reproche. Pierdo fama, pierdo honor, pierdo las esperanzas de alcanzar una grandeza que muy pocos emperadores llegan a conseguir. Sacrifico mi ambición. Destruyo proyectos tan altos como aquellas montañas que, según los paganos, eran suficientes para alcanzar el cielo si se las escalaba y, sin embargo, Rebeca —añadió, tirándose a sus pies—, sacrificarÃa esta grandeza, renunciarÃa a la fama, despreciarÃa este poder, incluso ahora que ya tengo la mitad de él en la mano, si dijeras: «Bois-Guilbert, os acepto como amante».
—No pienses en tal locura, caballero —contestó Rebeca—; antes apresúrate a acudir al regente, a la reina madre y al prÃncipe Juan. No podrán permitir, por respeto a la corona inglesa, los procedimientos de vuestro gran maestre. Asà me brindarás protección sin sacrificio por tu parte ni pretextos para exigirme que os recompense.