Ivanhoe
Ivanhoe —Bois-Guilbert —contestó la judÃa—. No conoces el corazón de la mujer o solamente has tratado con aquéllas que han perdido sus mejores sentimientos. Te digo, orgulloso templario, que ni en las batallas más enconadas has desplegado tanto valor del que presumes, como el que han sabido mostrar las mujeres cuando han sufrido por afecto o por deber. Yo soy una mujer, educada con delicadeza, temerosa del peligro y poco resistente al dolor. Sin embargo, cuando ambos entremos en el campo fatÃdico, tú para combatir y yo para sufrir, sostengo dentro de mà la seguridad que mi valor sobrepasará al tuyo. Adiós, no gastaré más palabras; el tiempo que sobre la tierra le queda a la hija de Jacob debe ser empleado de otro modo: debe buscar al confortador, el cual puede esconder su cara a su pueblo, pero siempre presta oÃdos a aquéllos que le llaman con sinceridad y con la verdad en sus labios.