Ivanhoe
Ivanhoe —Entonces, ¿nos separamos asÃ? —dijo el templario, después de una corta pausa—. ¡Que los cielos no hubieran permitido que nos encontráramos o que tú hubieras sido noble de nacimiento y cristiana por la fe! ¡No, por el cielo! Cuando te contemplo y pienso dónde nos encontraremos la próxima vez, desearÃa incluso pertenecer a tu raza despreciada; que mi mano estuviera habituada a los lingotes y a los cequÃes en vez de a la lanza y al escudo; que mi cabeza se inclinara ante cualquier noble insignificante y mis miradas sólo fueran terribles cuando se dirigieran al atemorizado deudor arruinado…, esto desearÃa, Rebeca, para estar junto a ti mientras vivieras y para evitar la terrible participación que tendré en tu muerte.