Ivanhoe
Ivanhoe —Sin embargo, yo te predigo que no habrás de llegar a viejo —dijo el templario, reconociendo al que habÃa visto en el bosque en aquel preciso instante—. No esperes ninguna clase de muerte si no es la violenta, y puedo asegurarte que ésta te llegará si continúas dando a los viajeros extraviados direcciones equivocadas como las que nos diste al prior y a mà esta noche.
—¿Cómo, señor? —dijo Cedric—. ¿Dar direcciones equivocadas a los viajeros? Serás azotado. Eres tan bellaco como loco, esto por lo menos.
—Te ruego, tÃo —contestó el bufón—, que mi idiotez proteja en esta ocasión a mi bellaquerÃa. Lo único que hice fue confundir la mano derecha con la izquierda. Más perdón necesita él por haber tomado por consejero y guÃa a un loco.
En este punto la conversación fue interrumpida por uno de los pajes, que anunció que en la puerta se encontraba un forastero pidiendo hospitalidad y permiso para entrar.
—Que entre —dijo Cedric—, sea quien sea…, una noche como ésta obliga incluso a los animales salvajes a constituirse en manada y a buscar la protección del hombre, su enemigo mortal, antes de perecer bajo la fuerza de los elementos desencadenados. Que se le proporcione cuanto necesite y se le atienda en todo… Dispónlo asÃ, Oswald.