Ivanhoe
Ivanhoe Mientras el Caballero Negro y su guía iban andando a su placer por el bosque, el buen caballero tanteaba a veces por lo bajo alguna tonadilla de un trovador enamorado y otras estimulaba con preguntas la predisposición a la charla de su servidor, por lo que su diálogo constituía una extraña mezcla de agudezas y canciones de la cual nos gustaría dar a los lectores una idea. Deben imaginar a este caballero tal como lo hemos descrito, fuerte de complexión, alto, de anchas espaldas y huesos largos, montando en su poderoso percherón que parecía creado a propósito para cargar con aquel peso, pues lo soportaba con facilidad. El visor del yelmo levantado para poder respirar más libremente, aunque mantenía en su sitio la visera, que impedía distinguir sus rasgos. Pero sí podían verse sus pómulos huesudos y los grandes ojos brillantes que centelleaban entre la sombra del alzado visor; la entera figura del campeón, así como sus miradas, expresaban descuidada alegría y confianza…, estado de ánimo no muy indicado para prevenir el peligro ni para enfrentarle a él con presteza cuando se presentara. Sin embargo, estaba familiarizado con el peligro, ya que su ocupación eran la guerra y las aventuras.