Ivanhoe
Ivanhoe —Por dar una respuesta tan idiota, nunca merecerÃais tener ninguna de ellas en la mano. Mejor es que la jarra esté vacÃa cuando se la tengáis que pasar a un sajón, y dejar el dinero en casa cuando tengáis que cruzar el bosque.
—¿Crees, entonces, que nuestros amigos son ladrones?
—No me habéis oÃdo decir tal cosa, señor caballero —dijo Wamba—. El corcel de un caballero descansa si éste se despoja de su cota de malla cuando le espera por delante una larga jornada. Y también es cierto que le hace bien el alma del jinete el librarse de aquello que es la raÃz de todo mal. Sin embargo, no insultaré, a quienes practican tal oficio. Solamente que prefiero tener mi cota de acero en casa y mi bolsa en mi habitación cuando topo con estos buenos compañeros, asà por lo menos les ahorro trabajo.
—DeberÃamos rezar por ellos, amigo mÃo, a pesar de como los calificas.
—Rezaré por ellos de todo corazón —dijo Wamba—, pero en la ciudad, no en el bosque como el abad de san Bees, a quien obligaron a decir misa utilizando un tronco de encina por altar.
—Puedes decir lo que quieras, Wamba, pero estos monteros se portaron como buenos vasallos y le rindieron un buen servicio a tu amo Cedric en Torquilstone.