Ivanhoe
Ivanhoe —Entonces, el valor y la locura vuelven a ser buenos compañeros —dijo el bufón, colocándose abiertamente al lado del caballero—. Pero, de verdad, no me agradan las bofetadas como las que le propinasteis al fraile gordinflón cuando su santidad rodó sobre la verde hierba como un monigote de trapo. Y ahora que la locura lleva el cuerno, que el valor se arme de él y haga lo que sabe; porque si no me equivoco, tenemos compañÃa en la espesura y nos vigilan de cerca, además.
—¿Qué te hace creerlo?
—Dos o tres veces he visto el brillo de un casco entre las hojas. Si hubieran sido hombres honrados, hubieran seguido por el sendero. Pero estas espesuras son la capilla preferida de los clérigos de san Nicolás.
—A fe mÃa —dijo el caballero bajando el visor—, creo que tienes razón.
Y en buena hora lo bajó, porque tres flechas salieron al mismo tiempo del temido lugar que Wamba habÃa señalado. Iban dirigidas contra la cabeza y el pecho, y una de ellas hubiera atravesado la cabeza del caballero de no haber topado con el visor de acero, de las otras dos, una fue a dar contra la gorguera y la otra contra el escudo.