Ivanhoe
Ivanhoe —¿Tu hija? —replicó el Caballero Negro—. Adecuado motivo para suscitar una enemistad y para solucionarla con sangre. Apartaos, señores, quiero hablar con él a solas. Y ahora, Waldemar Fitzurse, dime la verdad…, confiésame quién te mandó cometer este traidor hecho.
—El hijo de tu padre —contestó Waldemar—, quien, al hacerlo, quiso vengar la desobediencia tuya para con tu padre.
Los ojos de Ricardo brillaron de indignación, pero su buen natural ganó la partida. Se puso la mano sobre la frente y permaneció un instante mirando la cara del humillado barón, en cuyas facciones el orgullo luchaba con la vergüenza.
—No me pidas tu vida, Waldemar —dijo el rey.
—El que se encuentra entre las garras del león sabe que serÃa inútil hacerlo.