Ivanhoe
Ivanhoe Al oÃr estas palabras, pronunciadas con el tono majestuoso correspondiente a la alta alcurnia y no menos distinguido carácter de Corazón de León, todos los monteros se arrodillaron al mismo tiempo ante él y le rindieron pleitesÃa, implorando el perdón para sus fechorÃas.
—Levantaos, amigos mÃos —dijo Ricardo con voz amable y mirándoles con tal expresión en su cara que estaba claro que su natural buen humor le habÃa ganado la partida al anterior enfado. Tampoco conservaba huellas del último encuentro desesperado, excepto por el ardor debido a los esfuerzos realizados—. Levantaos. Vuestras fechorÃas en bosques y praderas han quedado compensadas con los servicios leales que prestasteis en Torquilstone a mis súbditos en desgracia, y la poderosa ayuda que hoy le habéis prestado a vuestro soberano. Levantaos, vasallos mÃos, y sed buenos súbditos de ahora en adelante. Y tú, valiente Locksley…
—No me llaméis más por el nombre de Locksley, soberano mÃo. Conocedme por el nombre que, me temo, la fama ha esparcido tanto que no es posible que no haya llegado a vuestros oÃdos. Soy Robin Hood de los bosques de Sherwood.