Ivanhoe
Ivanhoe Por lo tanto, el forajido abrió camino, seguido por el voluminoso monarca, más feliz probablemente en esta ocasión de tratar con Robin Hood y sus hombres, que no lo hubiera sido de volver a hacerse cargo de su condición real y presidir un círculo de hidalgos y nobles. Ricardo Corazón de León era un apasionado de las aventuras y de lo inesperado, y encontraba el más alto placer cuando se enfrentaba y vencía los peligros. En el corazón de león de este rey se realizaba y revivía en gran medida el ideal brillante, pero inútil, de un rey novelesco. La gloria personal que alcanzó con sus propias hazañas era más estimada por él que los beneficios que la prudencia y una buena política hubieran podido llevar a su reino. En consecuencia, su reinado fue una especie de brillante y rápido meteoro, que cruza la faz del cielo esparciendo a su alrededor una luz innecesaria, para ser absorbido al instante a los bardos y trovadores, pero no le valieron a su país los sólidos beneficios en los cuales reposa la historia, que los mantiene como un ejemplo para la posteridad. Pero, en la compañía en que se encontraba, Ricardo se hallaba a sus anchas. Era alegre y apreciaba la virilidad en cualquier clase social.