Ivanhoe
Ivanhoe —PrÃncipe —contestó Cedric—, siempre he hecho justicia a vuestra bravura y valÃa. Tampoco ignoro que vuestros derechos a la corona proceden de Matilda, sobrina de Édgard Atheling e hija de Escocia. Pero Matilda, aunque de sangre real sajona, nunca fue heredera de la monarquÃa.
—No discutiré contigo mis tÃtulos, noble señor —dijo Ricardo con calma—, pero te ruego que mires a tu alrededor y que me digas si ves a alguien que pueda estar en el otro platillo de la balanza.
—¿Y habéis viajado hasta aquÃ, prÃncipe, para decirme esto? ¿Para abrumarme con la ruina de mi raza ahora que la tumba se ha cerrado sobre la última rama de la realeza sajona? —su rostro se puso muy sombrÃo mientras hablaba—. Muy osado y muy temerario habéis sido al obrar asÃ.
—¡No lo he sido, por el sagrado madero! —replicó el rey—. Actué con la franca confianza que un valiente puede depositar en otro, sin una sombra de peligro.
—Bien habéis hablado, señor rey…, porque reconozco que lo sois y lo seréis a pesar de mi débil oposición. ¡No me atrevo a acometer el único camino para evitarlo, aunque vos mismo habéis puesto la tentación al alcance de mi mano!