Ivanhoe
Ivanhoe Esta lenta procesión avanzó hacia el suave promontorio cercado y, entrando en las lizas, las rodeó de derecha a izquierda. Cuando se hubo completado el círculo, los templarios se detuvieron. Se produjo entonces una cierta confusión, mientras el gran maestre y sus servidores desmontaron. Sólo quedaron a caballo el adalid y sus padrinos. Las restantes cabalgaduras fueron retiradas inmediatamente por los escuderos que con este propósito habían acudido.
La infortunada Rebeca fue conducida a la silla negra situada cerca de la pira. A la primera mirada que dirigió a aquel terrible lugar donde se llevaban a cabo los preparativos para someterla a una muerte capaz de enloquecer la mente y atormentar indeciblemente al cuerpo, se la pudo ver estremecerse y cerrar los ojos, sin duda rezando en su interior, ya que sus labios se movían sin que pudiera oírse ni una sola palabra. Al cabo de un minuto, miró fijamente la pira como si quisiera familiarizarse con ella, y después volvió la cabeza despacio y naturalmente.