Ivanhoe
Ivanhoe —Templario orgulloso —dijo Ivanhoe—, ¿has olvidado que has caÃdo dos veces ante esta lanza? Recuerda el torneo de Acre, recuerda el paso de armas de Ashby, recuerda tu presunción en la sala de Rotherwood y la prenda de tu cadena de oro contra mi relicario, que tú mismo diste, comprometiéndote a luchar con Ivanhoe y recobrar el honor que has perdido. Por este relicario y la santa reliquia que contiene, te proclamaré, templario, cobarde en cada corte de Europa, en cada preceptorio de tu Orden, a no ser que pelees sin más demora.
Bois-Guilbert se volvió indeciso hacia Rebeca, y exclamó entonces mirando a Ivanhoe con rencor:
—¡Perro sajón! Coge tu lanza y prepárate para la muerte que tú mismo has atraÃdo sobre ti.
—¿Me da su permiso el gran maestre para combatir? —preguntó Ivanhoe.
—No puedo negar lo que os habéis ganado con vuestro reto —dijo el gran maestre—, siempre que la doncella os acepte como su campeón. Sin embargo, me gustarÃa que estuvierais en mejores condiciones. Siempre habéis sido un enemigo de nuestra Orden, pero a pesar de ello quisiera que os enfrentarais a ella sin desventaja.
—SÃ, lo he sido y lo soy. Y me encuentro…, me encuentro perfectamente —dijo Ivanhoe—. Es el Juicio de Dios…, a su cuidado me encomiendo. Rebeca —añadió, galopando hasta la silla fatal—, ¿me aceptas como campeón?