Ivanhoe
Ivanhoe Pero, sobre todo, no escapaba a las dotes de observación de Cedric, aunque lo reconociera de mala gana, que su proyecto de lograr una absoluta unión entre los sajones mediante el matrimonio de Rowena y Athelstane debía darse por imposible definitivamente debido al mutuo disentimiento de las dos partes afectadas. En realidad, se trataba de una circunstancia en la que, en su ardor por la causa sajona, no había podido reparar. Incluso cuando la falta de mutuo afecto de ambos se manifestó clara y llanamente, le costó mucho creer que dos sajones de ascendencia real pusieran pegas por causas personales a una alianza tan necesaria por el bien de la nación. Pero nada era tan cierto: Rowena siempre había demostrado su repugnancia por Athelstane, y ahora éste no era menos claro al exponer públicamente que nunca más reanudaría las atenciones que le había dirigido. Ésta era su resolución. La testarudez natural de Cedric naufragó ante estos obstáculos, de los cuales, al encontrarse él en la conjunción de las dos fuerzas, debía sacar dos desengaños, uno en cada mano. De todos modos intentó un último y vigoroso ataque ante Athelstane y encontró al resucitado vástago de la realeza sajona empeñado como los hidalgos rurales de nuestros días en una lucha furiosa contra el clero.