Ivanhoe
Ivanhoe Parecer ser que, después de todo, sus amenazas contra el abad de san Edmund tuvieron por resultado su encierro, así como el de los monjes, por espacio de tres días en las mazmorras de Coningsburgh, sometidos a una dieta mezquina. Y esto fue debido en parte a su naturaleza indolente y amable y, en parte a los ruegos de su madre Edith, aficionada, como todas las damas de aquella época, a las órdenes clericales. Por esta atrocidad el abad le amenazó con la excomunión y escribió una lista aterradora de daños sufridos en los intestinos y el estómago como consecuencia del injusto y tiránico encierro al que habían sido sometidos. Con tal controversia y debido a las medidas que había adoptado para contrarrestar esta persecución clerical, Cedric halló la mente de Athelstane tan por completo ocupada que no disponía de más sitio para cualquier otra idea. Cuando se mencionó el nombre de Rowena, Athelstane pidió permiso para vaciar un cubilete a su salud y brindó para que pronto fuera la novia de su pariente Wilfred. Estaba claro que se trataba de un caso desesperado. Era evidente que ya nada se podía obtener de Athelstane o, como expresó Wamba en una frase que desde los lejanos tiempos sajones ha llegado a nuestros días, era «un gallo que no quería pelea».