QuintÃn Durward
QuintÃn Durward —¿Por quién o por qué me tomas, querido sobrino? —dijo Balafré algo en serio—; no he sido educado en el claustro ni sé leer ni escribir. Pero soy el hermano de tu madre; soy un Lesly leal. ¿Crees que serÃa capaz de recomendarte nada indigno? El primer caballero de Francia, el propio Du Gueselin, si viviese, estarÃa orgulloso de clasificar mis hazañas entre sus hechos de armas.
—No puedo dudar de su buena fe, querido tÃo —dijo el joven—; es usted el único consejero que la adversidad me ha dejado. ¿Pero es verdad, como se dice, que este rey tiene aquà en este castillo de Plessis una corte reducida? Sin nobles ni cortesanos, sin que le acompañe ninguno de sus grandes feudatarios, ninguno de los altos oficiales de la corona; con diversiones medio solitarias, compartidas sólo con los sirvientes de su servidumbre; con Consejos secretos, a los que sólo son invitados hombres obscuros y de baja categorÃa; en la que la nobleza y el rango son despreciados, y los hombres elevados desde los orÃgenes más modestos al favor real; todo esto parece irregular, no se asemeja a las costumbres de su padre, el noble Carlos, que arrancó de las garras del león inglés este reino de Francia ya casi conquistado.