QuintÃn Durward
QuintÃn Durward En un prÃncipe de cualidades morales más sanas, la familiaridad, con que invitaba a sus súbditos a su mesa, y a veces se sentaba en la de ellos, podÃa haber sido muy popular, y a pesar de su modo de ser, la sencillez de costumbres del rey atenuaba mucho de sus vicios ante aquella clase de súbditos que no estaban particularmente expuestos a las consecuencias de sus sospechas y celos. El tiers état[35], respetó su persona, aunque no le amaban, y fue apoyándose en ellos como consiguió defenderse del odio de los nobles, que creÃan ver disminuido el honor de la corona francesa y obscurecidos los espléndidos privilegios de ellos mismos con ese desprecio de su rango que mostraba con los ciudadanos y comunes.
Con paciencia, que la mayorÃa de otros prÃncipes hubieran considerado degradante, y no sin cierto grado de diversión, esperó el monarca de Francia hasta que su guardia hubo satisfecho su gran apetito juvenil. Debe suponerse, sin embargo, que QuintÃn tuvo demasiado sentido y prudencia para poner a prueba demasiado larga o tediosa su real paciencia, y en el fondo estaba deseando concluir su comida lo antes posible.