QuintÃn Durward
QuintÃn Durward —Veo en tus ojos —dijo Luis de buen humor— que tu valor no está abatido. ¡Adelante, Dios y San Denis, carga de nuevo! Te digo que la comida y la misa —santiguándose— nunca son obstáculo para un buen cristiano. Toma una copa de vino; pero no olvides ser cauteloso con la botella. Es el vicio de tus paisanos, asà como de los ingleses, que, aparte de eso, son los soldados mejores que usan armadura. Y ahora bebe de prisa, no olvides tu benedÃcite, bendición, y sÃgueme.
QuintÃn obedeció, y conducido por un camino diferente, pero tan enrevesado como el de la ida, siguió a Luis XI al hall de Rolando.