QuintÃn Durward
QuintÃn Durward El polÃtico
Éste es un lector de polÃtica tan hábil,
que (sin menosprecio de la astucia de Satán)
puede muy bien dar una lección al diablo
y enseñar al viejo seductor nuevas tentaciones.
Comedia antigua.
Cuando Luis entró en la galerÃa frunció el entrecejo de la manera en él corriente y lanzó a su alrededor una mirada inquisitiva, y al lanzarla, según QuintÃn después declaró, sus ojos parecieron tornarse tan pequeños, tan fieros y tan penetrantes que se asemejaron a los de una culebra sobresaltada que mira a través del matorral en que yace enroscada.
Cuando por esta momentánea y aguda mirada comprendió el rey la causa del bullicio que habÃa en la habitación, se dirigió en primer lugar al duque de Orleáns.
—¿Tú aquÃ, querido sobrino? —dijo, y volviéndose hacia QuintÃn añadió con seriedad——: ¿No has atacado?
—Perdone al joven soldado, señor —dijo el duque—; no ha descuidado su obligación, pero me enteré que la princesa estaba en la galerÃa.