QuintÃn Durward
QuintÃn Durward —¿Qué debÃas hacer cuando tu puesto fue rebasado a la fuerza? —contestó el rey desdeñoso—. ¿Para qué sirve entonces esa arma que llevas al hombro? DebÃas haber apuntado con tu arcabuz, y si el presuntuoso rebelde no se hubiera retirado al instante, debÃa haber sido muerto en este mismo hall. Ve, pasa a esas habitaciones más alejadas. En la primera encontrarás una ancha escalera que conduce al patio interior del castillo; allà hallarás a Oliver Dain. EnvÃamelo y márchate a tu cuartel. Si aprecias en algo tu vida, no seas tan flojo de lengua como lo has sido hoy de mano.
Muy contento de escapar tan fácilmente, aunque con el espÃritu revolucionado ante la crueldad a sangre frÃa que el rey parecÃa exigirle en el cumplimiento de su deber, Durward tomó el camino indicado, se precipitó escaleras abajo y comunicó el deseo del rey a Oliver, que esperaba en el patio de abajo. El astuto barbero inclinó la cabeza, suspiró y sonrió, mientras que con voz más suave que de ordinario daba al joven las buenas noches, y ambos se separaron; QuintÃn para su cuartel y Oliver en busca del rey.