QuintĂn Durward
QuintĂn Durward El guĂa
Era hijo de Egipto, segĂșn me dijo,
y descendiente de esos temibles magos
que sostenĂan guerras temerarias cuando Israel vivĂa en Goschen,
con Israel y su profeta y desafiaban
los milagros de JehovĂĄ con conjuros,
hasta que sobre Egipto vino el ĂĄngel vengador,
y aquellos sabios orgullosos lloraron por su primogénito,
como lloraron los iletrados campesinos.
AnĂłnimo.
La llegada de lord Crawford y su guardia puso inmediato fin al combate que hemos tratado de describir en el Ășltimo capĂtulo, y el caballero, arrojando su casco, dio precipitadamente al viejo lord su espada, diciendo:
âCrawford, me rindo. ÂĄPero al oĂdo le dirĂ©, bajo su palabra de honor, salve al duque de OrleĂĄns!
âÂżCĂłmo, es posible? ÂĄEl duque de OrleĂĄns! âexclamĂł el jefe escocĂ©sâ. ÂżCĂłmo ha sucedido esto?
âNo pregunte nada âdijo Dunois, pues se trataba de Ă©lâ; ha sido culpa mĂa. Mire, se mueve. Yo me adelantĂ© para ver a aquella damisela, y mire lo que ha ocurrido. Que se queden atrĂĄs sus soldados, que ningĂșn hombre le mire.